14 de noviembre de 2011

DESPEDIDA.

Me resisto de verte que estas en un encierro.
Tú que amaste la luz, el sol, la luna y las estrellas.
No te concibo inerte.
Tú que tenías siempre el alma joven, con tu corazón lleno de nobleza para todos.
No, no estás en el encierro, no en la oscuridad y estrechez de una tumba. 
Estarás siempre  en las montañas con el viento, aunque tu vida en este mundo ya no sea, eternamente tu recuerdo vivirá latente. 
Tú que creíste extremadamente en Dios, pues en tus trayectos por las carreteras te persignabas una y mil veces.
Continuamente creíste en una vida superior después de esta.
Dónde ahora estas, veras matices más perfectos y escucharas tu música, que solo hasta hoy has conseguido imaginar.
Ahora tus sensibles ojos observaran al Mismísimo Señor.
Al cual profesaste una gran fe, hoy te custodiara hacia la plenitud de tu ser.
Estoy segura que no vas hacia la nada.
¿Porque a la nada se llega vacío?
Tú caminaste acá en la tierra y fuiste prodigador de amistades, sembrador de alegrías, investigador de la verdad.
De lo simple y lo humilde.
Siempre contemplaste la vida con optimismo.
Por eso llegas finalmente a tu meta de hermosuras, fragancias y grandiosidades.
Que magnífico es tu recuerdo, como estimula lo vivido, lo sufrido, lo soñado, lo gozado.
Sin embargo, se puede todavía revivir tus locuaces conversaciones.
Tus serenas y sensibles miradas, tus ojos claros, compasivos y trasparentes.
Tenías el alma periférica a flor de piel, siempre a la luminosidad de tus más íntimos sentires.
Hoy te llevamos en lo más penetrante de nuestros corazones, viviste siempre las cosas admirables y armoniosas de la naturaleza.
Ahí te hallaremos cada día.
En esa simplicidad grandiosa de los incendiados atardeceres.
Del arco iris en el firmamento.
En el sensual aroma de las flores de Tarma y de la tierra empapada de las Serranías del Perú.
En las enaltecidas montañas de tus cacerías.
Acompañado siempre de tus amigos más importantes, los humildes y los pobres, también de tus amigos los más jóvenes.
Los que colmaban tu alma de energía, con los cuales siempre estuviste dispuesto a compartir tu tiempo.
En la majestuosidad de los mares que rompen en los peñascos de tus recordadas pescas.
En las exquisitas formas que tienen los cristales en los nevados de Ticlio y La Oroya.
Adquiriendo siempre tus quesos y truchas.
En el dulce canto de los pájaros y los canarios. 
En la serenidad de los peces de tu acuario.
Y del estrujón de manos de tus auténticos amigos.
Gracias por dejar tanto de ti en lo terreno. 
Gracias por haber compartido toda una existencia conmigo.
Con mis padres, con mis hijos, con mis nietos, con tus hermanos, sobrinos y sobrinos nietos.
Con toda tu Familia.
En la cual existirán latentes muchas de tus anécdotas.
Fuiste copia fiel de tu admirado y respetado padre amante de la naturaleza.
Que sublime recuerdo.
Y con tantos amigos que te quieren y hoy te acompañan.
Tú que siempre has sido un buscador, hoy has llegado al encuentro.
Tu perdida es irremediable, ojala tu extraordinario recuerdo perdure en el corazón de cada uno de nosotros y nos ayude a mitigar el sufrimiento que nos embarga a todos en estos momentos.


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