Tú que
amaste la luz, el sol, la luna y las estrellas.
No te
concibo inerte.
Tú que
tenías siempre el alma joven, con tu corazón lleno de nobleza para todos.
No, no estás
en el encierro, no en la oscuridad y estrechez de una tumba.
Estarás siempre en las montañas con el viento, aunque tu vida en este mundo ya no sea, eternamente tu recuerdo vivirá latente.
Tú que creíste extremadamente en Dios, pues en tus trayectos por las carreteras te persignabas una y mil veces.
Estarás siempre en las montañas con el viento, aunque tu vida en este mundo ya no sea, eternamente tu recuerdo vivirá latente.
Tú que creíste extremadamente en Dios, pues en tus trayectos por las carreteras te persignabas una y mil veces.
Continuamente
creíste en una vida superior después de esta.
Dónde
ahora estas, veras matices más perfectos y escucharas tu música, que solo hasta
hoy has conseguido imaginar.
Ahora
tus sensibles ojos observaran al Mismísimo Señor.
Al cual
profesaste una gran fe, hoy te custodiara hacia la plenitud de tu ser.
Estoy
segura que no vas hacia la nada.
¿Porque
a la nada se llega vacío?
Tú
caminaste acá en la tierra y fuiste prodigador de amistades, sembrador de
alegrías, investigador de la verdad.
De lo
simple y lo humilde.
Siempre
contemplaste la vida con optimismo.
Por eso
llegas finalmente a tu meta de hermosuras, fragancias y grandiosidades.
Que
magnífico es tu recuerdo, como estimula lo vivido, lo sufrido, lo soñado, lo
gozado.
Sin
embargo, se puede todavía revivir tus locuaces conversaciones.
Tus
serenas y sensibles miradas, tus ojos claros, compasivos y trasparentes.
Tenías
el alma periférica a flor de piel, siempre a la luminosidad de tus más íntimos
sentires.
Hoy te
llevamos en lo más penetrante de nuestros corazones, viviste siempre las cosas
admirables y armoniosas de la naturaleza.
Ahí te
hallaremos cada día.
En esa
simplicidad grandiosa de los incendiados atardeceres.
Del
arco iris en el firmamento.
En el
sensual aroma de las flores de Tarma y de la tierra empapada de las Serranías
del Perú.
En las
enaltecidas montañas de tus cacerías.
Acompañado
siempre de tus amigos más importantes, los humildes y los pobres, también de
tus amigos los más jóvenes.
Los que
colmaban tu alma de energía, con los cuales siempre estuviste dispuesto a
compartir tu tiempo.
En la
majestuosidad de los mares que rompen en los peñascos de tus recordadas pescas.
En las
exquisitas formas que tienen los cristales en los nevados de Ticlio y La Oroya.
Adquiriendo
siempre tus quesos y truchas.
En el
dulce canto de los pájaros y los canarios.
En la serenidad de los peces de tu acuario.
En la serenidad de los peces de tu acuario.
Y del
estrujón de manos de tus auténticos amigos.
Gracias
por dejar tanto de ti en lo terreno.
Gracias por haber compartido toda una existencia conmigo.
Gracias por haber compartido toda una existencia conmigo.
Con mis
padres, con mis hijos, con mis nietos, con tus hermanos, sobrinos y sobrinos
nietos.
Con
toda tu Familia.
En la
cual existirán latentes muchas de tus anécdotas.
Fuiste
copia fiel de tu admirado y respetado padre amante de la naturaleza.
Que
sublime recuerdo.
Y con
tantos amigos que te quieren y hoy te acompañan.
Tú que
siempre has sido un buscador, hoy has llegado al encuentro.
Tu
perdida es irremediable, ojala tu extraordinario recuerdo perdure en el corazón
de cada uno de nosotros y nos ayude a mitigar el sufrimiento que nos embarga a
todos en estos momentos.

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